Hace unas semanas leí una noticia tan falsa como divertida que publicaba el irreverente El Mundo Today y cuyo titular es: Vodafone contratará a organismos unicelulares

El artículo aseguraba:

“Con la intención de optimizar recursos y reducir gastos sin mermar la calidad del servicio, la empresa de telefonía Vodafone ha decidido sustituir a todo su personal de atención al cliente por una legión de protozoos paramecios, amebas y ciliados. “Las quejas o dudas del cliente acostumbran a ser parecidas, y las respuestas también. Nos dimos cuenta de que nuestros empleados tenían neuronas de más. No es un insulto, al contrario. Pero el trabajo es el que es y requiere lo que requiere” ha asegurado un portavoz de la operadora en España”.

Pues bien, me he acordado del texto después de intentar dialogar con los agentes de atención al cliente de Orange. La marca de France Telecom también podría reemplazar a las personas de la subcontrata argentina que atiende a sus clientes por este tipo de organismos sin que notásemos la diferencia.

Os cuento por qué digo esto. Resulta que una de las SIM que utilizo es de Orange. La solicité en julio del año pasado, pero como estaba harto de asumir compromisos de permanencia me llevé únicamente la tarjeta.

No me subvencionaron ningún teléfono, no he hecho uso del Renove ni tampoco del programa de puntos. Repito: nunca me han subvencionado un móvil con esta línea.

Tengo una tarifa plana de las de 25,52 euros al mes, pero al final cada mes pago más de 60, así que he decidido darla de baja. Cuando llamé al 470 para realizar el trámite me atiende una agente que me dice que me cobrarán 110 euros si lo hago porque tengo un compromiso de permanencia.

Le explico que es imposible por lo que acabo de decir, pero entramos en un bucle infinito que se resume en:

-No puedo tener compromiso de permanencia porque nunca me habéis subvencionado un móvil.
-Tiene un compromiso de permanencia y le vamos a cobrar 110 euros si da de baja esta línea antes de enero de 2010.

Tras unos minutos repitiendo ambas frases, la primera, un servidor, y la segunda, una chica argentina, le pido que, en cualquier caso, me pase con el departamento de bajas.

La conversación discurre por los mismos derroteros. La única solución que intenta darme es que acuda al punto de venta donde compré la dichosa SIM a poner una reclamación.

Le contesto que no, que estamos en la era de las telecomunicaciones y se trata de un error de Orange, así que me lo arreglen por teléfono.

Me dice que no puede hacer nada, que eso lo debe solucionar atención al cliente (que previamente me había asegurado que eso sólo lo podrían arreglar desde bajas). Y no sólo eso, sino que no puede volver a transferirme al 470, así que tengo que colgar y volver a llamar.

Como en aquella película del Día de la marmota en el que los protagonistas están condenados a vivir una y otra vez la misma situación, marco el 470, me dicen lo mismo, me vuelven a pasar con bajas y me vuelven a remitir al 470, pero tendría que volver a marcar una vez más.

Mi paciencia y mi esperanza de que me atienda alguien con sentido común están en mínimos históricos, pero aún así vuelvo a llamar al 470 y volver a marcar las opciones correspondientes.

Finalmente, después de hablar con una quinta agente argentina, me dice que “elevará un reclamo”. Vamos, lo que cuando te atendía una subcontrata en España era “abro una incidencia”.

Entre 10 y 15 minutos después con los consiguientes “disculpe por la espera” cada 2 minutos, me facilita un número de seguimiento, asegurándome que me llamarán para darme la resolución en un plazo de entre 24 ó 48 horas.

Ya han pasado más de 72 y sigo sin tener noticias suyas. Y supongo que continuarán pasando los días sin volver a saber nada del tema a menos que vuelva a llamar.

¿No sería mejor para Orange poner a un puñado de amebas que harían exactamente lo mismo, es decir, nada, y cobrarían menos, aunque los de ahora tampoco cobran mucho?

Por cierto, que nadie interprete mis palabras con tintes racistas. Los agentes argentinos de ahora son igual de ineficaces y cuadriculados que cuando el servicio estaba en España.